sábado, 11 de abril de 2009

Con Faldas y a lo Loco, y la máxima expresión de la sutileza



Con faldas y a lo loco, dirigida por Billy Wilder es considerada una de las mejores películas cómicas de la historia del cine. Protagonizada por Marilyn Monroe, Tonny Curtis y Jack Lemmon, estos dos últimos encarnan a dos músicos que tras presenciar un tiroteo, se ven obligados a escapar de una banda de gánsteres, y deciden disfrazarse de mujeres e introducirse en una banda de música femenina.

La película fue rodada en 1959. Los años 50 fueron una época en la que en EEUU los homosexuales aún eran una minoría oculta, a pesar de que ya se había comenzado a superar las teorías que interpretaban la homosexualidad como un desequilibrio mental. A partir de 1940 se empezó a generalizar el uso de antibióticos, lo que contribuyó a que enfermedades relacionadas directamente con el sexo se convirtieran en enfermedades curables. En 1948 se publicó un estudio La enfermedad del hombre de Albert Kinsey, que ponía de manifiesto que la homosexualidad era una realidad que afectaba a una gran mayoría de la población. En 1951 apareció The Homosexual in America de Edward Sagarin y que daba un punto de vista favorable a la homosexualidad. En 1957 se publicó el estudio de Evelyn Hooker The Adjustment of the Male Overt Homosexual, en el que se demostraba por primera vez que los homosexuales no se diferenciaban en su salud mental de los heterosexuales. A pesar de ello no fue hasta 1973 cuando la Asociación Psiquiátrica la eliminó de la lista de enfermedades mentales.


La escasa aceptación que tenía en aquel momento el colectivo hizo que el tema dela homosexualidad se tratara de forma muy sutil, como sucede en esta película o en Espartaco, 1960. Sin duda la escena más representativa ya no solo de el tema que estamos tratando, sino de la película en sí misma, es el diálogo final, entre el millonario Osgood, y Jerry disfrazado de Daphne.




- Hablé con mamá, estaba tan contenta que hasta lloró. Quiere que lleves su vestido de novia, es de encaje blanco.
- Osgood, no puedo casarme con el vestido de tu mamá, seguro que…, ella y yo no tenemos el mismo tipo.
- Podemos reformarlo.
- ¡No hace falta! Osgood he de ser sincera contigo. Tú y yo no podemos casarnos.
- ¿Por qué no?
- Pues, primero porque no soy rubia natural.
- No me importa.
- Y fumo. Fumo muchísimo.
- Me es igual.
- Tengo un horrible pasado, desde hace tres años estoy viviendo con un saxofonista.
- Te lo perdono.
- Nunca podré tener hijos.
- Los adoptaremos.
- No me comprendes Osgood. Ahh, ¡soy un hombre! (quitándose la peluca).
- (sin dejar de sonreir) –Bueno nadie es perfecto.




Este pequeño guiño, que deja al espectador crear su propia interpretación de esta última frase, puede ser entendido como una continuación del surrealismo y las situaciones absurdas que se repiten a lo largo de toda la película o como la única licencia que se permitía hacer al colectivo teniendo en cuenta la gran represión a la que estaban sometidos, y dando a entender una hipotética homosexualidad de personaje de Osgood.




También podemos señalar que la película introduce el travestismo, pero no se puede considerar que tenga algún reflejo de la realidad de este colectivo, ya que es en realidad un pretexto, para desarrollar la parte cómica de la película, basando en la ambigüedad sexual de los personajes el grueso de las equivocaciones y situaciones absurdas que suceden a lo largo de la película.

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