viernes, 1 de mayo de 2009

La muerte convertida en exclusiva



Si llevo siete años vendiendo mi vida, ¿Por qué no hacer lo mismo con mi muerte?, debió pensar Jade Goody. Esta inglesa saltó a la fama en 2002, con su participación en Gran Hermano y su vocabulario grosero y su ignorancia cautivaron al público. Procedente de uno de los barrios más conflictivos de Londres, con una familia que tenía problemas de drogadicción, pensaba que Saddam Hussein era un boxeador y Rio de Janeiro el nombre de alguna persona. Una vez fuera del programa se convirtió en una asidua de las portadas y los programas de corazón. Hasta que durante su participación en otro reality para famosos, sus ataques racistas contra al actriz hindú, Shilpa Shetty, le hicieron perder el cariño del público.


Así que como forma de reparar su error, aceptó la participación en un nuevo programa de telerrealidad en la India, programa que presentaba su ex compañera. Y fue allí, donde, en directo, se le comunicó la noticia de que padecía cáncer. Abandonó el programa y regresó al Reino Unido, pero como el tratamiento, no dio el resultado esperado, Jade, decidió que vendería sus últimos meses de vida a la prensa.


Una cámara la acompañaba las 24 horas del día, imágenes que serán utilizadas para realizar una serie emitida en capítulos, a la que habrá que añadir la grabación de su boda, y la del bautizo de sus dos hijos. Exclusivas, entrevistas, y miles de periodistas en cada ocasión que salía de casa o del hospital.


Probablemente la pregunta que debemos hacernos no sea, que es lo que lleva a alguien a vender su muerte. Sino que es lo que está cambiando en los medios para aceptar tal proposición. Que es lo que ha ocurrido para que la muerte haya dejado de ser una cuestión privada, que concierne únicamente a la familia.


Los medios de comunicación parecen haberse convertido en un escaparate para la exposición pública de cualquier historia que pueda generar beneficio. A la profesión periodística se le solía exigir rigor y ética, puesto que eran los periodistas los responsables de trasladar la información del día a día a los ciudadanos. Pero ahora la televisión se ha convertido en un espacio de entretenimiento, en el que prima la ganancia económica, dejando de lado, no solo los valores periodísticos, sino el lado humano. Deberíamos replantearnos si es esta la televisión que queremos, si son los valores del dinero y el vale todo, los que queremos infundir a las generaciones futuras.

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